Reynaldo R. Alegría
Sí, señora…

Plumber key - Photo by Audrius Meskauskas

por Reynaldo R. Alegría

Cuando Edelmiro bajó del techo, Ana lo estaba esperando con un vaso de refresco de limón.

El juicio deficiente de Edelmiro, su errático comportamiento antisocial, su carácter desinhibido y poco fiable, su piromanía adolescente y el que nunca se ponía nervioso, me hacían dudar de su reputada idiotez y temerle como al perfecto psicópata.

Ana sabía que él la espiaba y ahora…

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Corazón trasplantado

por Reynaldo R. Alegría Dicen que cuando se muere uno conocido, se mueren tres. Un miércoles en la noche, al terminarse la misa diaria a la que solía asistir, el Padre Francisco nos dio la triste noticia de que Cheo había muerto. 

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Querido hijo

por Reynaldo R. Alegría Mi querido Sebastián: Hace un rato te dejé en el aeropuerto rumbo a Boston a tu segundo año de estudios. 

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La Predicadora

por Reynaldo R. Alegría Cuando Álvaro tomó la decisión de ir al club de strippers lo quemaba la urgencia de sentirse tocado.

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